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Mad Cool 2026: cómo llegar y volver del festival sin estrés

El rock de Foo Fighters ruge en la primera jornada de un Mad Cool que comienza contra Trump y con troleo de Arde Bogotá

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La banda cumple tras nueve años sin venir a España, mientras que Moby convierte su show de electrónica en el más político del día y Arde Bogotá aparecen por sorpresa Pablo Und Destruktion: “Hay identidad en la casita de Bad Bunny, pero ninguna conciencia de clase” A las 18:35 de la tarde del miércoles, cuando daban comienzo los dos primeros conciertos del primer día del Mad Cool —Palaye Royale en el Orange, uno de los más grandes, y Hot Wax, en el Mahou Cinco estrellas—, el termómetro madrileño marcaba casi 40 grados. A ambas bandas les había tocado la pajita más corta en el sorteo. Salir a tocar a primera hora de un macrofestival siempre es malo. Hacerlo con una ola de calor que hacía que la gente buscara las sombras, los chorros de agua y los dispensadores gratuitos de crema que ofrecía una marca de bronceadores es, directamente, una misión casi imposible. El miércoles del Mad Cool se vio marcado por el calor extremo. Un calor que hacía que la gente estuviera, además, en un extraño estado de aplatanamiento del que solo salían gracias a estímulos concretos. El primero lo logró Jehnny Beth, que comenzó su concierto haciendo mención, cómo no, al calor. “Estoy un poco mareada, ¿cómo estáis vosotros?”, comenzó diciendo la artista. Es difícil tocar bajo una carpa sin climatización a las siete de la tarde en este Madrid tórrido, pero Jehnny Beth envolvió al público en algo que no es en absoluto frescor, pero sí un rapto hipnótico, sucio y salvaje. Salvaje como fue su grupo Savages, mucho más incómodo y punk que esta formación en solitario en la que ahora se presenta la también actriz (dio la sorpresa en Anatomía de una caída ). Beth pidió en español que las mujeres del público levantaran la mano: “¡Mujeres al frente siempre!”, dijo antes de acometer una versión intensa de Army of me de Björk. Después, y a pesar del calor, la humedad y el aire que solo se mueve alrededor de los abanicos, se lanzó a hacer abdominales en la canción Push ups (que compuso con el genial dúo Sextile). Jehnny Beth en su concierto en el Mad Cool Por si fuera poco, pidió que alguna mujer subiera también a hacerlos. Una lo hizo, y llegó hasta el heroico número de 25. En ese punto del concierto, y quizá la borde del desmayo, la manera de refrescarse fue todo lo contrario de lo esperado: con sus zapatos de tacón fino de 13 centímetros, bajo del escenario, cruzó el foso y se lanzó sobre los brazos del público de las primeras filas, que la sostuvo no se sabe con qué fuerzas mientras ella cantaba, mirando fijamente a su público I’m the man . Un concierto de una fiereza excelente para iniciar el Mad Cool. La (no) sorpresa de Bigger Splash El concierto de uno de los platos fuertes, Wolf Alice —que también comenzó su concierto haciendo referencia al insportable calor— coincidía casi en horario con el de una banda desconocida. Bigger Splash apareció en el cartel del Mad Cool sin que nadie les conociera. Pero había algo raro. ¿Por qué colocar a una banda random en una hora como las 21:00?, ¿por qué el Mad Cool no había colocado ni siquiera foto de ellos? Y lo más raro, ¿cómo es posible que los Bigger Splash no tuvieran ninguna canción publicada en ninguna plataforma musical pero hubieran sido contratados también en el Cruilla y en el BBK? Los rumores de que Bigger Splash no eran otros que Arde Bogotá comenzaron a coger fuerza la mañana del miércoles de comienzo del Mad Cool. La propia banda había dejado miguitas de pan que surtieron efecto. La cola media hora antes de empezar el concierto de aquella banda desconocida daba varias vueltas por el recinto. En esa cola había mucha gente con camisetas de Arde Bogotá. La banda española había realizado una performance/troleo que solo podía tener dos finales: o la decepción de todos sus fans, que podían estar haciendo cola para un grupo que no conocían, o llevarles al cielo al ver a una de las bandas españolas más pujantes del momento. El cantante de Arde Bogotá... o de Bigger Splash Cuando comenzaron los acordes (15 minutos más tarde de la hora planeada) de La torre Picasso ya no quedaba ninguna duda, y el recinto Mahou Reserva, que encima es cubierto y climatizado, se convirtió en el segundo momento en el que el Mad Cool se olvidó del calor asfixiante. El troleo de Arde Bogotá salió a la perfección y convirtieron uno de los escenarios más pequeños en uno de los focos de la primera jornada del festival. Cabe preguntarse qué necesidad hay de esta “performance” como ellos la llamaron, y qué pasa ahora con los próximos conciertos, que ya han perdido el factor sorpresa. Una carrera de obstáculos La planificación de horarios del primer día del Mad Cool convertía el recinto en una partida infernal del Mario Bros. Si uno quería ver a todos los artistas que quería le obligaba a ver conciertos a medias o apurar e ir corriendo de uno a otro para intentar llegar a tiempo en una carrera de obstáculos. Si encima, como ocurrió con el de Arde Bogotá, empieza tarde, llegar a Dogstar a tiempo era casi imposible. Y había morbo por ver al grupo que tiene a Keanu Reeves como bajista. Nunca se aplaudió tanto a un bajista en Mad Cool, quizá desde que Flea salió al escenario con Red Hot Chilli Peppers en 2023, pero a Flea, que también es actor, no le gritaron el nombre de uno de sus personajes como ocurrió entre la primera y la segunda canción del concierto de Dogstar cuando se escuchó un “¡Neo!”. Y es que Keanu Reeves está en el escenario y todos los móviles hacen zoom sobre él, un discreto bajista, pero Keanu Reeves al fin y al cabo, una leyenda del cine. Keanu Reeves en el concierto de Dogstar en el Mad Cool Dogstar no es la banda con la que Reeves se entretiene entre películas, en realidad es una vida anterior en la que él podría no haber sido Neo, si no un bajista más de una banda más del grunge americano de los 90. El grupo se formó ocho años antes del estreno de Matrix, y menos mal que Keanu Reeves no lo apostó todo a Dogstar. El grupo se separó en 2002 y la covid les juntó de nuevo dos décadas después. Y aquí les tenemos, en Villaverde, devolviendo un sonido indie 90s a este presente en el que todo vuelve, tan solo un par de horas después de que el hijo de Liam Gallagher (Gene) actuara en otro escenario (climatizado y con portadas de discos gigantes, como el Goo de Sonic Youth, eso es un plus), en una especie de banda tributo a aquel sonido, Villanelle, que viene a ser apreciada más por nostalgia que por necesidad. El rock eterno de Foo Fighters Para escuchar realmente rugir al Mad Cool hubo que esperar a que ocurrieran dos hechos. El primero, lógico y natural, es que el sol se fuera y bajara la temperatura, aunque es cierto que tampoco lo hizo tanto. El otro —lo que se espera de un cabeza de cartel de un evento como el Mad Cool— se dio en cuanto Dave Grohl y su banda pisaron el escenario dos minutos antes de la hora prevista. Nada más apareció el lider de Foo Fighters el Mad Cool se desgañitó, resucitó y olvidó de golpe el calor del día. Se notaba que había ganas de Foo Fighters. Suele ocurrir en el Mad Cool que cuando tocan bandas tan marcadas por su personalidad, y que no se suelen desviar del rock que han destilado toda su carrera, la gente que acude está poblada, mayoritariamente, por fans reales de la banda, y no por grupos de jóvenes que piensan que están en un Coachella cañí y se acercan a Villacerde para hacerse fotos con botas altas y la noria de fondo. Se nota en el uniforme. Las camisetas de Foo Fighters y de Nirvana —no hay que olvidar que Grohl comenzó como baterista de la mítica banda de Kurt Cobain— eran mayoría aplastante. Eso ayuda a que conciertos como el que ofreció Foo Fighters funcionen a la perfección. Mad Cool sabía de las ganas y del poder de la banda, y les dio, además, el tiempo suficiente para que desplegaran su habitual setlist. Los conciertos del grupo siempre son largos. Hacen el suficiente hueco a sus míticos himnos como a los temas del último disco, y eso siempre provoca que se alarguen a más de dos horas. El escenario principal de Mad Cool se reservó durante dos horas y media para un regreso que ya se hacía esperar. Ambiente del concierto de Foo Fighters en el Mad Cool Desde 2017 Foo Fighters no pisaban nuestro país. Primero la pandemia y luego la muerte de su batería, Taylor Hawkins, fallecido a los 50 años en marzo de 2022, hicieron que cancelaran las dos ocasiones previas en donde iban a tocar en España. Por eso los fans esperaban ese momento que era, además, casi un acto de presentación de una banda renovada y que ha sabido sobreponerse a la tragedia. Grohl y compañía lo sabían, e hicieron lo que mejor saben, entretenerse poco entre canción y canción e ir encadenando sus temazos mezclados con las canciones de su nuevo disco, Your Favorite Toy, publicado hace pocas semanas. Tras tirarse un vaso de agua por la cabeza en los primeros minutos, Grohl encadenó un repertorio a prueba de bombas. Es imposible no tener a los pies a las decenas de miles de personas del Mad Cool si encadenas en los primeros compases temazos como All My Life, The Pretender, Times Like These, Rope, My Hero y Learn to Fly . Y así hasta un final en alto con Exhausted y Everlong como bises perfectos. A los que no tuvo de su lado, sin embargo, fue a los fotógrafos profesionales, que vuelven a quejarse por las condiciones que sufren en los conciertos. Si en el de Rosalía no les dejaron acreditarse, aquí solo a unos pocos elegidos a los que pidieron firmar un contrato leonino por el que cedían el copyright de las fotos al grupo a cambio de poder usarlas durante un año. Un trance electro/político El dichoso solapamiento de los festivales hizo que en la primera jornada los dos cabezas de cartel coincidieran a la vez y en los dos escenarios más grandes. Solo 40 minutos después de que los Foo Fighters empezaran a tocar, Moby comenzaba su concierto a escasos metros. Y ahí se evidenció el principal error en la planificación de los escenarios de este año. En una edición en la que todos los días van a ocurrir a la vez dos conciertos, el sonido de uno va a acabar comiendo parte del otro. Moby lleva envuelve al Mad Cool en su trance electrónico A Moby le ocurrió con los restos del concierto de Foo Fighters. La parte derecha de la pista se veía afectada y eso hizo que la gente apostara por ir a escucharle al otro lado, donde la apuesta por el dance y la electrónica del artista se disfrutó a la perfección. Una pena lo del ruido, porque lastró un concierto que fue una auténtica fiesta. Primero, porque Moby fue el único que alzó la voz. Es un poco triste que en momentos como los que vivimos, los músicos pasen de puntillas por todo en sus conciertos. Apenas unos ‘Hola Madrid’ y poco más. Quizás por eso la ovación que recibió Moby cuando tras comenzar con Body Rock se dirigió al público para decirles que había traducido algo con su móvil que quería decir en español, especialmente “tras las noticias de hoy”. “¡Que se joda Trump”, dijo pronunciando la J como si fuera una Y. Lo repitió y lo subrayó: “Sé que vosotros odiáis mucho a Trump, pero nosotros le odiamos más ”, dijo haciendo referencia al ataque del presidente de EEUU a España en la cumbre de la Otan este miércoles. Desde ese momento el artista, que iba con pintadas de 'Vegan for life' y 'Human Rights' en brazos y cuello, desplegó una especie de conjuro electro/político que puso a los que habían abandonado a Foo Fighters a bailar en una especie de trance nostálgico (reforzado por unos visuales absolutamente noventeros) en el que recordó sus mejores temazos , Porcelain, Honey o Natural Blues, además de ese par de goles que le metió a las radiofórmulas: We are all made of stars y un Lift me up que sirvió de casi colofón en el que Moby volvió a hablar: “Esta es una canción que alerta de los peligros del fascismo y de los ataques a la democracia que vivimos. Hagamos todo por defender la democracia”. Una pincelada a la acción en una primera jornada de Mad Cool marcada por el calor y la astenia política generalizada.
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